miércoles, 16 de marzo de 2011

Cultivando comunidades de práctica


Las siguientes líneas responden  a las preguntas de las agendas N°6 y 7. Además de una síntesis, se presenta en ellas un intento por articular varios conceptos propuestos por Etienne Wenger en su texto “Cultivating Communities of Practice” capítulos del 3 al 7. Las preguntas son:
·         ¿Qué aspectos considerar en  la creación de CdPyA?
·         ¿Cómo gestionar CdPyA?
·         ¿Por qué fases puede pasar una CdPyA?
·         ¿Qué papel juegan el coordinador y los miembros en estas fases?
·         ¿Qué ocurre con el dominio, la comunidad y la práctica?

Una CdPyA se basa en la interacción de sus participantes, quienes se unen gracias a un interés común. En este caso particular, uno de los aspectos a considerar en la creación de la comunidad, es el dominio mencionado por Wenger, pues es éste el que propone el conocimiento o área de interés que motiva al individuo a participar de una CdPyA; es este conocimiento compartido que lo hace sentir parte de la comunidad.  Unido a ello, está el concepto de comunidad que es la disciplina social del conocimiento, la cual se cimenta en el respeto y la confianza. Así como la práctica, que es el conjunto de ideas, herramientas y documentos que soportan el aprendizaje. Frente a ello, es importante garantizar una buena interacción de los participantes con grupos de discusión (pragmáticas o sociales), que permitan evidenciar el rol que desempeña cada uno dentro de Comunidad y que permita fortalecer las relaciones entre participantes.
Junto con los conceptos anteriormente mencionados y con miras a gestionar una CdPyA,  se debe tener en cuenta que la comunidad es un ente vivo, es voluntaria y orgánica. Lo que se evidencia en los siete principios que propone Wenger. Estos plantean que la comunidad debe evolucionar; esta evolución depende en gran medida de los niveles de participación de sus integrantes, clasificada en cuatro niveles a saber: grupo central o núcleo, grupo activo, perisférico y el que se encuetra observando a la comunidad desde afuera. El tercer principio se refiere a los diálogos internos y externos de la comunidad dados en espacios públicos y privados (cuarto principio). Así, se pretende reconocer el valor, la importancia o sentido que cobra la comunidad (quinto), lo que genera relaciones de familiaridad y entusiasmo (sexto). Por último, se crean al interior de la CdP hábitos de participación que marcan su ritmo.
También es necesario tener en cuenta el ciclo de vida de una CdPyA, en su inicio, la comunidad presenta cinco etapas. La primera se refiere a la etapa potencial, la cual pretende encontrar temas comunes para generar familiaridad entre los participantes. Para ello, se realizan algunas actividades para definir el dominio, un caso de acción, creación de un diseño preliminar e identificar los líderes y/o coordinadores. La segunda, la etapa de coalescencia, en la cual ya se articula lo existente con las metas que se quieren alcanzar. Se pretende en esta etapa lograr conexión entre los participantes, se habla aquí de una alimentación de la comunidad, lo cual aporta valor a la misma. La tercera, la madurez en la que hay estabilidad que va cambiando de acuerdo a las actividades que se realicen, en ésta, hay muchos niveles de cohesión y de participación. Se quiere aquí enfocar el dominio establecido relacionándolo con otros dominios. Esto permite tener claridad sobre el rol y los límites de la comunidad. Se generan agendas de aprendizaje, pues lo que se quiere es expandir y generar nuevo conocimiento entorno al dominio específico sin perder el enfoque dado al dominio. El coordinador mantiene conectados a los miembros del grupo nuclear para garantizar que las necesidades siguen siendo trabajadas. Cobra relevancia el concepto de identidad. La gestión es la cuarta etapa, la cual mantiene el esplendor de la comunidad, se quiere aquí mantener el interés por el dominio a través de sus miembros, la tecnología y las relaciones de organización. Por último, la comunidad se transforma, esto quiere decir que mueren, se expanden, se dividen,  se fusionan o transforman o redireccionan su dominio con miras de perdurar temporal y espacialmente. Se busca redefinir el dominio en cuanto a nuevos intereses.
A medida de que la comunidad va evolucionando el dominio se va convirtiendo cada vez más en el núcleo de las actividades que allí se realizan. El impacto de una CdPyA depende en gran medida de la habilidad de mantener el dominio claro y no desviarse por muchos centros de interés, de lo contrario esa comunidad tiende a desaparecer. Ahora bien, debido a la expansión que tenga la comunidad, los intereses son múltiples, lo que hace que sea más difícil mantener enfoque en el dominio. Frente a la comunidad y práctica es claro que se determinan por el grado de confianza que se establece en su interior, sin embargo, el generarla depende de los diálogos internos de la comunidad en pequeños grupos o espacios privados que consoliden un grupo núcleo que sostenga a la comunidad. La práctica debe estar encaminada hacia la construcción de estrategias que permitan construir conexiones fuertes entre los participantes.
En el ciclo de vida de una comunidad, es fundamental la figura del coordinador, quien organiza la comunidad. Éste genera actividades, gestiona eventos, genera discusiones, interacciones, normas o reglas, en fin es quien encamina a la comunidad.

viernes, 11 de marzo de 2011

¿ENSAYO?

¿Pensaron alguna vez que si no fuera por todos nadie sería nada? Mafalda. Sí, en realidad no es una fuente muy académica y formal para este contexto; sin embargo, su reflexión ayuda a ilustrar la temática que se abordará en las siguientes líneas. Pues, por naturaleza, el hombre es un ser social y está en interacción con el entorno que lo rodea, con el cual comparten experiencias o prácticas que contribuyen a que construya constantemente su conocimiento. En este sentido, las comunidades de las que hace parte a lo largo de su vida, le van aportando aprendizajes que van en consonancia con sus motivaciones, pasiones, retos, etc. Y que lo definen como ser único, lo llevan a crear su propia identidad.

En esa medida, el presente escrito pretende identificar qué caracteriza una Comunidad de Práctica (CdP). Para ello, se abordarán de manera mancomunada aspectos sociológicos, pedagógicos y tecnológicos que la conforman, dado que entre ellos existe una estrecha relación.

Para iniciar este abordaje, se partirá de la pregunta ¿qué diferencia a una CdP de otras formas de organización?, pues de esta manera se vislumbran las generalidades que más adelante profundizaremos. Para responder a ello, se hace necesario mencionar los elementos que pueden identificarla propuestos por Poole citado en Galvis, Álvaro. Leal, Diego (2006, p.3): experiencias compartidas: sentido de pertenencia y responsabilidad compartida; identidad compartida: conjunto de caracterís­ticas y creencias o intereses que generan un sentido de perte­nencia individual; tiempo social: Espacios sociales, rituales de entrada y salida: ayudan a consolidar un sentido de identidad y de pertenencia, relaciones significativas: La pertinencia y valor real que cada miembro percibe en las relaciones; y participación activa para dar sentido a la presencia de cada uno de sus miembros.

Estos elementos en conjunto generan confianza en los miembros de la comunidad, aspecto que es fundamental para la vida de la CdP y que no se tiene en cuenta en otro tipo de organizaciones, ya que como se menciona en Galvis, Álvaro. Leal, Diego (2006, p.5) un clima de confian­za y respeto hace que uno se sienta cómodo tomando parte en las actividades de construcción colaborativa de conocimiento” y además, “la gente no se siente cómoda participando, cuando no tiene confianza en los demás miembros”. Lo que influye en la muerte rápida de una comunidad. Otra diferencia con otro tipo de organización que es que se consolida una comunidad con la constitución de políticas, reglas y mecanismos de participación que ayuden a los miembros a lograr sus objetivos.

Además, la CdP va más allá de la simple reunión de un grupo de individuos, la pertenencia ella debe implicar una motivación generada por el propósito o interés común y por el compartir de experiencias de vida que hacen que cada miembro se sienta parte de la comunidad. Como lo ilustran los autores en mención, “Lo cierto es que no basta con ser parte de un grupo, hay que tomar parte en él y sentirse a gusto haciéndolo, para ir más allá de aprender en compañía y moverse hacia aprender en comunidad”.

En este contexto general, se expondrán entonces las bases teóricas que conforman las CdP. En primer lugar, nos referiremos a la teoría social del aprendizaje que propone Etienne Wenger “Communities of Practice: Learning, Meaning and Identity” (1998), la cual menciona que el aprendizaje se da en un contexto social complejo y estructurado. Este aprendizaje cobra significado gracias a la noción de identidad, la cual está mediada por la circunstancia de quién se es como individuo, la habilidad de experimentar el mundo y su relación con él. De este modo, lo que se es como individuo y quien se es se constituye un filtro que le permite saber qué es o no significativo para él. Así pues que para alcanzar cierto nivel de conocimiento el individuo tiene que manejar su identidad.

Esta teoría social de aprendizaje involucra tres elementos a saber: 1. Dominio, que se refiere al conocimiento o área de conocimiento que inspira al individuo a participar de una CdP, que lo hace sentir parte de ella. 2. Comunidad, que es la disciplina social del conocimiento.  Esto cimentado en relaciones de respeto y confianza. 3. Práctica, que es el conjunto de ideas, herramientas y documentos que soportan el  aprendizaje en comunidad.

Sobre la base de estos tres elementos se construye el conocimiento en un contexto social, ya que permiten que los participantes (sea cual fuere su nivel de participación en la comunidad) interactúen sincrónica o asincrónicamente, lo que establece el ritmo de la comunidad y determina la etapa en la que se encuentra. Igualmente, según la teoría de Granovetter, M. (1983),  el individuo puede establecer conexiones con otros formando así dos tipos de lazos, los débiles y los fuertes de los cuales podemos generar aprendizaje. Sin embargo, los débiles los considera el autor más importantes en la medida en que por ellos se introducen nuevas ideas, nuevo conocimiento.

Ahora bien, dado que de acuerdo con Orozco, G. (2004)  en las sociedades del siglo XXI, denominadas por el autor como “sociedades de aprendizaje” se destacan tendencias como la mutación de paradigmas y la transición de énfasis educativos; las CdP se han expandido en mayor medida, sustentadas en la idea de que la  mayor parte del aprendizaje ocurre de manera informal y en contexto.  Así pues, en segundo lugar, nos referiremos al aprendizaje informal, que propone Cross J (2003) y al aprendizaje situado planteado por Díaz Frida (2003). El cual aboga por un aprendizaje en contexto, con tareas auténticas y transferibles. No obstante, en
el contexto actual en el que la información está al alcance de todos y prima la inmediatez, en el que nos podemos comunicar más rápidamente con otras personas y nuestras relaciones sociales están mediadas por herramientas tecnológicas; los procesos de aprendizaje se siguen dando sin una debida vinculación entre la vida del estudiante y la escuela. Pareciera que el cambio de la sociedad no tuviera nada que ver con lo que sucede en el aula de clase o al contrario. Como manifiesta Díaz (2003) en su texto, existe una ruptura entre los procesos pedagógicos y la realidad en la que están inmersos los estudiantes.

En este sentido, los procesos de aprendizaje que se llevan a cabo en el contexto actual tienden a ignorar la relevancia de la cultura en los mismos y el efecto de la interacción social del individuo.
En cuanto al aprendizaje informal, Cross J (2003) plantea que éste es “una vía natural que inspira innovación y rendimiento”, lo que es aplicable a la fundamentación de las CdP, pues es allí necesariamente en donde se da el aprendizaje real, ya que las CdP son espontáneas y naturales. En este punto, considero que las CdP potencializan el aprender a pensar en cambio del aprender a hacer.

Por su parte, además de estas dos teorías que sustentan las bases pedagógicas, encontramos la del conectivismo que sustenta la interacción basada en la tecnología. De acuerdo con Siemens, G. (2005), ésta se basa en la teoría de redes y plantea que el aprendizaje se fundamenta en la diversidad de opiniones, en que la capacidad del individuo de saber es más importante que lo que sabe. En un aprendizaje por sí mismo y no necesariamente basado en elementos humanos por los que puede encontrar conexiones entre ideas y conceptos.

Finalmente y continuando con las bases tecnológicas, según Galvis y Leal (2005), pienso que dado que las comunidades fundamentan su existencia en la interacción entre individuos con intereses comunes, en una CdP el rol de las TIC se basa en dar apoyo a estas interacciones. Pues, como manifiestan estos autores, para la consolidación de comunidades reales es necesario la existencia de mecanismos de comunicación y de participación; por lo tanto,  las herramientas tecnológicas que faciliten estos procesos serán de gran apoyo para tal fin. Adicionalmente, para la consolidación y mantenimiento de las CdP, también se hace necesario recopilar el conocimiento que producen sus participantes y en el mismo orden de ideas, si esto lo posibilitan las herramientas tecnológicas; el papel de éstas será fundamental, ya que se vuelven facilitadoras en este proceso.

De otro lado, en el texto “Technology for communities” (Wenger et al. 2005), podemos evidenciar que el rol de las TIC como facilitadoras del proceso se vuelve un poco más esencial, ya que los autores manifiestan que “La tecnología puede aumentar el carácter individual de la experiencia de la comunidad”. Pues su misión es la de unir, “pese a la separación de tiempo y espacio” las experiencias personales para que la experiencia de comunidad se vuelva más significativa.

Es entonces cuando nos preguntamos sobre las condiciones que debe tener la selección de las herramientas que cumplirán tal función. Y frente a ello, Galvis y Leal (2005) nos  hablan de que se deben identificar las  necesidades reales de la comunidad existente o potencial, junto con sus dinámicas o actividades. Igualmente, mencionan que es  importante diferenciar entre la utilidad de la herramienta y la pertinencia de su uso. Así entonces, considero que las herramientas tecnológicas se consolidan como una solución para suplir las necesidades específicas de la comunidad de acuerdo con sus actividades. Si esto no se tuviera en cuenta en la selección de las herramientas tecnológicas para apoyar la CdP, no se lograría un grado alto de satisfacción en la interacción de sus participantes y así las experiencias de la comunidad no serían significativas.

En resumen, lo que caracteriza a las CdP es que lo que guía el aprendizaje es la práctica en sí, por medio de la interacción de sus miembros, quienes comparten intereses comunes con el fin de crear y representar mejor esas prácticas. Esto teniendo en cuenta, el contexto y el significado del aprendizaje. Además, guiado por la identidad del individuo quien finalmente es el que le da ese significado.


REFERENCIAS
Castells, M. (2004) "Why Networks Matter," Network Logic: Who Governs in an Interconnected World?, Helen McCarth. Art 17. En línea:
Cross, J. Informal Learning – the other 80%.. Internet Time Group, DRAFT, Thursday, May 08, 2003
Díaz Barriga, F. (2003). Cognición situada y estrategias para el aprendizaje significativo. Revista Electrónica de Investigación Educativa, 5 (2).:http://redie.ens.uabc.mx/vol5no2/contenido-arceo.html
Galvis, A., Leal, D. (2005). Criterios de evaluación de herramientas de apoyo a comunidades virtuales.
Galvis, Álvaro. Leal, Diego (2006). "Aprendiendo en comunidad: Más allá de aprender y trabajar en compañía ". Revista de Tecnología de Información y Comunicación en Educación. En línea http://www.slideshare.net/algalvis50/aprendiendo-en-comunidad-ms-all-de-aprender-y-ensear-en-compaa
Granovetter, M. (1983), "The Strength of Weak Ties, A Network Theory Revisited," Sociological Theory, Volume 1(1983), 201-233.
Orozco, G. (2004) “Desordenamientos educativo-comunicativos en los tiempos, escenarios y procesos de conocimiento”, Revista Nómadas, Nro 21. En línea: http://www.ucentral.edu.co/NOMADAS/nunme-ante/21-25/nomadas-21/9-de%20la%20ense%F1anza%20guillermo.pdf
Siemens, G. (2005) Connectivism: A Learning Theory for the Digital Age extraído el 06 de marzo de 2011 de www.elearnspace.org/Articles/connectivism.htmWenger Etienne Richard Arnold McDermottWilliam Snyder  (2002). “ Cultivating Communities of Practice”. Harvard Business School Press. Boston.
Wenger, E, White, N., Smith, J.. Rowe, K. (2005). Technology for communities.




jueves, 10 de marzo de 2011

Herramientas tecnológicas que apoyan las CdPyA

Esta entrada corresponde a la agenda N° 5 en la que se plantean los siguientes interrogantes:
1.       ¿Qué rol pueden jugar las TIC en el desarrollo de CdP?
2.       ¿Qué aspectos deben considerarse  al momento de seleccionar herramientas de apoyo a CdP?
Así pues, el presente escrito pretende dar respuesta a estos interrogantes integrando una reflexión, análisis y síntesis de las lecturas de Wenger, E, White, N., Smith, J. Rowe, K. “Technology for communities” y de Galvis, A., Leal, D. Criterios de evaluación de herramientas de apoyo a comunidades virtuales”.

De acuerdo con Galvis y Leal, las comunidades fundamentan su existencia en la interacción e interrelación entre individuos con intereses comunes. En este contexto, pienso que en una CdP el rol de las TIC se basa en dar apoyo a estas interacciones. Pues, como manifiestan estos autores, para la consolidación de comunidades reales es necesario la existencia de mecanismos de comunicación y de participación; por lo tanto,  las herramientas tecnológicas que faciliten estos procesos serán de gran apoyo para tal fin. Adicionalmente, para la consolidación y mantenimiento de las CdP, también se hace necesario recopilar el conocimiento que producen sus participantes y en el mismo orden de ideas, si esto lo posibilitan las herramientas tecnológicas; el papel de éstas será fundamental, ya que se vuelven facilitadoras en este proceso.

De otro lado, en el texto “Technology for communities”, podemos evidenciar que el rol de las TIC como facilitadoras del proceso se vuelve un poco más esencial, ya que los autores manifiestan que “La tecnología puede aumentar el carácter individual de la experiencia de la comunidad”. Pues su misión es la de unir, “pese a la separación de tiempo y espacio” las experiencias personales para que la experiencia de comunidad se vuelva más significativa.

Es entonces cuando nos preguntamos sobre las condiciones que debe tener la selección de las herramientas que cumplirán tal función. Y frente a ello, Galvis y Leal nos  hablan de que se deben identificar las  necesidades reales de la comunidad existente o potencial, junto con sus dinámicas o actividades. Igualmente, mencionan que es  importante diferenciar entre la utilidad de la herramienta y la pertinencia de su uso. Así entonces, considero que las herramientas tecnológicas se consolidan como una solución para suplir las necesidades específicas de la comunidad de acuerdo con sus actividades. Si esto no se tuviera en cuenta en la selección de las herramientas tecnológicas para apoyar la CdP, no se lograría un grado alto de satisfacción en la interacción de sus participantes y así las experiencias de la comunidad no serían significativas.